De bruces con la realidad, vuelta a Madrid, pero de síndrome post-vacacional nada.
Después de mís andanzas, una vez más, por la tierra de la oportunidad, me calzo los estribos, y tras la puesta a punto, me dispongo a proseguir mi camino, ésta vez, en la tierra de la realidad.
Llego cargado, eso sí, de ideas nuevas que exponer, recientitas, de la ciudad que tiene el cartel que sale y se esconde: Hollywood.Más de moda que nunca, además de lo bajo que está el dolar. Se impone la estética noventera de las top-models. Atentos a la revuelta del minivestido ajustado (en las noches de California todas lo llevan). Vuelve esta temporada y estampa el lado más sexy de la opulencia, siempre resultona, en una época de crisis y de crítica.
Como resumen de las vacaciones: San Francisco, se le puede asociar a la ciudad de la luz, entre bancos de niebla, de América. Tras pasar por la increíble reunión de exageración, pero con buen gusto, en cierto sentido, de una mini ciudad del lujo patentado en San Simeón, y atravesar la costa hasta el Big Sur. Después de haber disfrutado de desiertos, parques temáticos con auténticos personajes disfrazados de ciudadanos normales, que conviven entre lujo y pobreza, con barreras de neón en la segunda, y por otros motivos, ciudad de las luces...exacerbadas.Las Vegas. Se me impregnan las ideas del imperialismo con el poder del poder.Aqui la clase la dicta tu color de VISA.Pasear por el mayor Parque Natural de Estados Unidos, comercializado hasta los pinos; Yosemite te hace ver que puedes descansar paralelo a lo que ocurre más allá de la autopista.
Por otro lado, la que categorizo de caóticamente excitante, expresionista e inquietante.Musa de la película Blade Runner o Crash, mi queridísima ciudad de Los Angeles. Cosmopolita y transgresora, creadora de tendencias y origen de todos los gustos, aunque no siempre guste a todos. La meta de la celebridad y de la ilusión frustrada. Centro de reuniones de mentes privilegiadas, me asombra cada vez que la piso.
Fuera de todos los privilegios ,indebidamente regalados a las anteriores, New Orleans, antigua provincia española en otro tiempo, y después francesa, conserva con creces todos los simbolismos del colonialismo. El color y la arquitectura, lo popular y lo tribal unidos, lo místico y lo profano, lo religioso y lo sexual. Ese propio sentido del tiempo, a orillas del rio Misissipi, se conserva post-Katrina el aliento musical de la convivencia de dos razas, la negra y la blanca, unión perfecta para dar fruto a una ciudad tipicamente sureña, rodeada de pantanos, de trompetas y cercada por los barcos de vapor, que en otra época respaldaron e inspiraron a escritores y artistas cuya obra, aún hoy, sigue plasmada en la forma de pensar de sus auténticos y amables habitantes.
domingo, 7 de septiembre de 2008
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